martes, 23 de mayo de 2017

Guía para la educación digital

Tsunami digital, hijos surferos. Guía para padres que no quieren naufragar en la educación digital.


Juan Martínez Otero. Freshbook Family



   La irrupción de internet ha generado un verdadero tsunami, que ha pillado desprevenidos a no pocos padres y educadores. No tanto por desconocimiento de la red (que también), sino sobre todo por ausencia de experiencias educativas ante un fenómeno novedoso.


   En los últimos años han aumentado las voces de alarma respecto al riesgo de internet, pero siguen faltando pautas concretas para la educación. Quizá falten también educadores dispuestos a ponerlos en práctica. Martínez Otero nos ofrece en este libro una buena guía para manejarse con acierto y seguridad en la educación digital.


   Los peligros que acechan en Internet son bien conocidos. Su uso descontrolado produce dispersión y pereza mental, falta de concentración, pérdida de tiempo, adicción a un mundo irreal de distracciones, autismo inducido… Por no hablar del destrozo que causan sus abundantes contenidos nocivos.


     Martínez Otero apuesta, no por un control férreo y extenuante, sino por lograr que los hijos se acostumbren desde pequeños a ciertas pautas sanas de vida, de manera que aprendan a prescindir “a gusto” de lo que no es apropiado.


    Internet ofrece un mundo irreal, en el que las cosas no cuestan esfuerzo. Pero la vida real las cosas cuestan trabajo y dedicación, y es preciso fomentar la cultura del esfuerzo desde pequeños. No se forja la personalidad a base de “likes” en Facebook. No se convierte uno en persona culta por tener a mano internet: es preciso retomar la ilusión de memorizar cosas y datos, porque sólo memorizando podremos traer a la mente el recuerdo de las cosas esenciales…



   Una manera positiva de alejar los peligros es ayudar a saborear la belleza de la vida real: cultivar aficiones, especialmente las que fomentan las relaciones personales (excursiones, deporte, lectura, música…); retomar normas elementales de cortesía que manifiestan respeto a los demás; dar prioridad a las conversaciones cara a cara y no  interrumpirlas por el móvil; fomentar las tertulias familiares en las que todos participan y aprenden a expresarse y escuchar; frenar el ansia de fotografiarlo todo, y en cambio disfrutar en vivo de paisajes y situaciones…


   
   Acostumbrarse a prescindir de los cascos con frecuencia, aprovechar algunos desplazamientos para saborear el silencio (lo que aumenta la capacidad de reflexión), acotar momentos en que usar el móvil, nunca usarlo en la mesa, desconectar notificaciones, no estar pendiente de los “likes”… El libro sugiere muchas ideas que padres y educadores pueden convertir en normas para la vida diaria. Así se crean hábitos que forjan la personalidad, la que todos necesitamos para surfear con elegancia en el tsunami digital, sin ser engullidos por la ola.


   


   





   








viernes, 19 de mayo de 2017

Jesús de Nazaret




       Esta impresionante trilogía sobre Jesucristo es fruto de un largo camino interior de Joseph Ratzinger, que comenzó a trabajar en el año 2003, antes de ser elegido Papa. Como afirma en el prólogo, ha sentido la urgencia de presentar la figura y el mensaje de Jesús, del Jesús histórico, que es el mismo Jesús de la fe cristiana.


El auténtico punto de referencia para la fe es la íntima amistad con Jesús. De esa amistad depende todo. Y corremos el riesgo de vaciarla de contenido si los exégetas, llevados de teorías poco fundadas, nos ofrecen unas reconstrucciones de la figura de Jesús no basadas en la realidad histórica sino en teorías personales.

Joseph Ratzinger hace un extraordinario trabajo de investigación histórica y teológica, en diálogo con los principales historiadores y teólogos -también no cristianos- acogiendo lo mejor de cada uno y señalando con rigor intelectual los aciertos, desaciertos y dificultades de cada uno.

Encontrarse con el verdadero Jesús, que vivió en la historia entre nosotros, es posible gracias al dato verdaderamente histórico de la personalidad de Jesús, que se nos presenta plenamente unida y enraizada en Dios. “Sin esa comunión no se puede entender nada, y partiendo de ella Él se nos hace presente también hoy”.

La fe bíblica no se basa en leyendas, sino en hechos históricos reales. Aunque la Escritura contenga diversos estilos de narraciones, la historia forma parte esencial de ella y de la fe cristiana. Por eso desde la fe se puede y se debe afrontar el método histórico: es una exigencia de la misma fe. Así, cuando decimos “et incarnatus est” (“y se encarnó”) estamos afirmando que Dios ha entrado en la historia real, se ha hecho uno de nosotros. Si dejamos de lado su realidad histórica, la fe cristiana queda eliminada y se transforma en otra religión.

La Sagrada Escritura no es mera literatura. Hemos de acudir a ella sabiendo que tiene tres autores que interactúan entre sí, y no son autónomos: el redactor, el pueblo de Dios, y Dios mismo.  El redactor o redactores materiales, que  no actúan solos, sino que se saben parte de un pueblo elegido, el Pueblo de Dios, por el que hablan y al que se dirigen; un Pueblo que a su vez se sabe guiado por Dios, que le habla. 

El trabajo de Benedicto XVI ofrece perspectivas insospechadas para entender mejor pasajes esenciales de la Sagrada Escritura, y especialmente del Evangelio. Con gran finura interior, y con el rigor intelectual  que le caracteriza, nos ayuda a ponerlos en relación con los problemas esenciales de la humanidad.

Es extraordinario, entre otros,  el pasaje en que analiza la oración sacerdotal de Jesús (Juan 17,20) y su profundo enraizamiento con la tradición judía de la fiesta de la Expiación, que restablece la armonía del pueblo con Dios, perturbada por el pecado, y que para los judíos representa la cumbre del año litúrgico. Porque este es el problema esencial de toda la historia del mundo: el ser hombres no reconciliados con Dios.

La historia de la salvación es la historia de la alianza: Dios ha querido crear un pueblo santo que esté ante Él y en unión con Él, y lo ha querido –dice Benedicto XVI- desde antes de pensar en la creación del mundo. Es más: el cosmos fue creado para que hubiese un espacio para la alianza, para el sí del amor entre Dios y el hombre que le responde.

Jesús, en su oración sacerdotal, se presenta como el sumo sacerdote del gran día de la Expiación. Su cruz y su exaltación son el día de la Expiación para todos, en el que la historia entera del mundo encuentra su sentido y se la introduce en su auténtica razón de ser, en su adonde.


Porque reconciliarse con Dios, “con el Dios silencioso, misterioso, aparentemente ausente y sin embargo omnipresente” es la misión para la que ha sido enviado Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Es la gran voz de san Pablo en II Corintios 5,20 l “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.”

Otro capítulo para meditar con frecuencia es el de la institución de la EucaristíaCon la Última Cena llega la hora de Jesús. La esencia de esa hora queda explicada con dos palabras: paso (metábasis) y amor (agapé) hasta el extremo. Es el amor hasta el extremo el que produce el paso aparentemente imposible: salir de la barrera de la individualidad cerrada e irrumpir en la esfera divina. La transformación se produce mediante el amor.

      La fe no es simplemente una decisión autónoma de los hombres. La fe se debe a que Dios sale al encuentro de los hombres, a que las personas son tocadas interiormente por el Espíritu de Dios, que abre su corazón y lo purifica.




martes, 16 de mayo de 2017

Deuda de sangre y la necesaria pregunta sobre Dios

Deuda de sangre. Michael Connely. Ed Taurus, 2001


        Terry McCaleb es un inspector retirado del FBI, famoso por haber resuelto casos de crímenes en serie. Acaban de ser sometido a una operación de transplante de corazón, y se dispone a disfrutar  plácidamente de su  retiro.  Vive en un pequeño yate,  amarrado en un puerto deportivo  cercano a Los Ángeles.


Inesperadamente  se presenta en su barco la hermana de la donante del corazón , que murió asesinada. Desea que Terry busque al asesino. Comienza aquí una sorprendente intriga policíaca, bien trazada técnicamente en sus detalles, que mantiene la atención en todo momento, a pesar del número de páginas (446) del libro.




Aunque apenas tangencialmente, en algún momento se apunta que el protagonista está sumido en una duda de fe en la existencia de Dios, a la que le han llevado las injusticias y crímenes que ha presenciado en su dura vida como policía. Es el problema de la existencia del mal, que hace dudar a muchos.  El nuevo amor de Terry (la hermana de la donante asesinada, que a su modo sí tiene fe) hace despertar en Terry de nuevo la necesaria pregunta sobre Dios.


Pocos autores se atreven a hablar de la trascendencia, a pesar de que sea el tema humano más esencial: de dónde venimos, qué hacemos aquí, cuál es nuestro destino. Todos llevamos dentro esas preguntas. Algunos prefieren hacerse los desentendidos y vivir como si no existieran, pero la realidad es tozuda. Es de agradecer que, también en esto, Michael Connely sea sincero con el lector y no le oculte del todo la dimensión sobrenatural: así logra también una trama más auténtica.

martes, 4 de abril de 2017

Perdón: el camino de la paz



Aprender a perdonar. Un precioso testimonio sobre el valor de la oración cristiana y su fruto: el perdón y la paz, aprendido en el espíritu de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.









martes, 14 de marzo de 2017

Cálido viento del norte




José Miguel Cejas nos acerca en este libro a un conmovedor conjunto de historias, cuyos protagonistas viven en los países nórdicos: Suecia, Finlandia, Noruega, Islandia, Groenlandia. Tienen en común su condición de testigos de la acción de Dios en sus vidas, ese Dios cuyos caminos son imprevisibles, pero que no deja de arreglárselas para actuar en la historia a través de personas que le escuchan. Comparten el despertar de un creciente interés por Jesucristo y por el cristianismo, en un ambiente que parecía definitivamente cerrado a la presencia de Dios.
                                                          
Son personas y familias  normales, a las que suceden cosas normales. Y de vez en cuando, como a casi todas las personas y familias normales, también les suceden cosas extraordinarias, de cuyo carácter sobrenatural son plenamente conscientes. Hechos extraordinarios que no aparecerán en ningún noticiario, pero que han marcado sus vidas para siempre, señalando un camino hacia Dios para su existencia.

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Finlandia, por ejemplo, es un país muy secularizado. Como relata uno de los personajes, la segunda guerra mundial hizo caer a muchos en el alcoholismo. Sufrieron la influencia del materialismo socialista ruso, y después del materialismo sueco. Luego vino la revolución sexual del 67. Todo eso destruyó la familia. La mayoría de los hijos nacían fuera del matrimonio, desapareció la fidelidad conyugal y se corroyeron tradiciones cristianas de siglos. La inmensa mayoría de padres mantienen una relación muy fría y distante con sus hijos.



Los finlandeses que en los años 70 y 80 viajaban a países como Italia, Austria o España se sorprendían de ver iglesias abiertas y muchas imágenes de la Virgen. Y al regresar a su país les impactaba el vacío.  Ese vacío interior y esa insatisfacción que genera el materialismo les helaba el corazón. Un hielo para el que no está hecho nuestro corazón, que necesita amar. Y surge la sed de un amor que llene la existencia: la sed Dios.

El Espíritu Santo actúa apoyado sobre la oración perseverante y el ejemplo optimista de cristianos que permanecen fieles, y hablan: porque “siempre hay que dar la palabra acerca de Dios, aunque nos parezca que cae en el vacío”.

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Dios actúa mediante cosas tan sencillas como la alegría de vivir de una familia católica, reunida para comer a la hora del almuerzo.  En esos países de frío individualismo lo normal es que cada cual pilla lo suyo de la nevera, lo deglute y se encierra en su habitación, en sus cosas. No hay convivencia, en cada casa sólo hay una suma de individuos.

Y el nórdico que asiste por primera vez al espectáculo de una familia católica reunida entorno a la mesa, comprende de pronto que hay algo más que el mero comer, que la familia reunida en torno a la mesa es un signo exterior de humanidad, de calor y alegría de vivir. Descubre que el cristianismo transmite amor, cuidado de unos por otros. Y es el comienzo de una conversión al catolicismo.

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Dios se sirve de los escritos de los santos para mover los corazones. El joven Anders Arbolerius, luterano, se siente golpeado en el corazón cuando lee en “Historia de un alma”, de santa Teresa de Lisieux, estas palabras: “Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor.” Y sin saber cómo, sin que antes se le hubiera pasado por la cabeza semejante cosa, siente que debe ser católico y ordenarse sacerdote. Ahora es el obispo católico de Estocolmo, el primero desde la reforma protestante.

Detrás de cada conversión hay siempre alguien que reza: la madre Tekla Famiglietti, abadesa general de la orden de santa Brígida de Suecia, le veía con frecuencia cuando siendo niño acudía con su madre al convento, y rezaba por él.
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Muchos empiezan a descubrir ahora el valor de la familia, que es  el canal de transmisión de los valores. Se ha confiado demasiado en el sistema educativo que diseñan los gobiernos. Pueden ser técnicamente magníficos, pero los contenidos que transmiten pueden ser muy discutibles. Si ocupa el gobierno gente sin valores, el sistema puede ser venenoso para los jóvenes,  si transmite ideologías antinaturales. Un pedagogo que domine la técnica puede enseñar inmoralidades con perversa eficacia. La mejor educación no insiste en sacar buenas notas, sino en ser buenas personas.

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En el libro se cuentan también los primeros pasos del Opus Dei en Escandinavia, de la mano de Juan Luis Bernaldo y Richard Hayward. Allí llegó la Obra por el interés de san Juan Pablo II, que deseaba impulsar la cristianización del Norte de Europa y animó al beato Álvaro del Portillo a comenzar pronto en esos países. Desde 1983, “de amigo a amigo se van enlazando historias, porque el Opus Dei se difunde en el mundo por medio de la amistad.”

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Todo el relato refleja un hondo sentido ecuménico presente entre los creyentes: católicos, luteranos, protestantes y ortodoxos estrechan lazos anhelando una unión en la verdad de Jesucristo que no puede estar lejana cuando les vemos con la apertura de corazón que reflejan las vivencias recogidas. Como los muebles donados por el pastor luterano para que sus amigos católicos del Opus Dei puedan instalar una residencia de estudiantes…

miércoles, 8 de marzo de 2017

Libertad de expresar lo que se cree

Me comentaba una periodista, que ha vivido muchos años en otro país,  su extrañeza ante la respuesta de muchos españoles, cuando les preguntan por su religión: “Creyente no practicante”. ¿A qué se debe ese oxímoron tan contradictorio?, me preguntó.

Pienso que no se puede generalizar. Pero un factor común a las posibles respuestas sería la debilidad. Debilidad de pensamiento (no tomarse la molestia de pensar libremente, y así  descubrir las profundas verdades antropológicas que contiene la fe cristiana). O debilidad de ánimo para expresar lo que se piensa, por temor al juicio ajeno. Una falta de fortaleza que deja a merced de la corriente dulzona y apática de lo que piensan otros.  

Lo expresa bellamente  el famoso cuadro de Norman Rockwell "La Bendición de la mesa". Las miradas cínicas o despectivas no deberían ser causa de que un cristiano dejara de expresar externamente su fe y su agradecimiento a Dios, fuente de todo bien,  porque por su bondad podemos alimentarnos cada día. La mujer y el niño de la escena rezan,  a pesar de su debilidad son fuertes.

Silvio Pellico (1789-1854), encarcelado en Austria por razones políticas, cuenta en su estupendo libro “Mis prisiones” que en la cárcel descubrió la grandeza de la fe católica. Con otro joven compañero de prisión hablan de la armonía entre cristianismo y razón, de cómo sólo la religión católica era capaz de resistir la crítica, de la excelencia de su moral.

Y se preguntan si al salir de la cárcel serán tan pusilánimes como para no confesar su fe, que ahora ven tan evidente, si se dejarán impresionar por el qué dirán los demás. Pellico responde por los dos: "El colmo de la vileza es ser esclavo de los juicios ajenos cuando se tiene la persuasión de que son falsos. No creo tal vileza en ti ni en mí, ni que la tengamos nunca."


Harambee: Salvad los valores africanos

No es fácil encontrarse con una profesora de filosofía política que hable con la precisión de conceptos y libertad de mente con que lo hace Antoinette KankindiNacida en Congo, lleva 15 años dando clases de Ética y Filosofía Política en la Strathmore University of Nairobi, en Kenya, y formando a mujeres para que lideren la promoción de la mujer en el ámbito rural y en los suburbios de las grandes ciudades. 

La profesora Kankindi sabe salirse del manido y vacío discurso que impera en las democracias liberales occidentales, y pone el dedo en la llaga de los verdaderos problemas de África. Problemas en buena parte generados y mantenidos por esas mismas democracias,  que hicieron estragos durante el colonialismo y ahora los siguen perpetrando quizá a mayor escala, imponiendo ideologías que se oponen frontalmente a valores sagrados de África.

Familia, solidaridad y hospitalidad –señala Kankindi- son tres  de los pilares del alma africana. A la familia en que nacemos se lo debemos todo: vida, cuidados, educación.  Sin  familia no somos nadie, nos despersonalizamos, nos convertimos en un número para la fría estadística  de los políticos. El modelo que ofrece Occidente está destrozando la familia en África (y en Occidente, claro).

El alma africana es solidaria. Cada pueblo es una familia de familias, y cada cual sabe que en la desgracia los demás le ayudarán sin necesidad de pedirlo. Esa solidaridad es el mejor seguro. Occidente exporta un modelo competitivo e insolidario, en el que cada cual pugna por lo suyo contra los demás.

África es hospitalaria. Las puertas de sus casas siempre han estado abiertas al forastero. A los huéspedes se les ofrece  lo mejor. Occidente exporta un individualismo desconfiado, que cierra puertas. En Occidente ya no vemos otra cosa en el visitante que negocio: turismo.

Antoinette Kankindi lucha por preservar y potenciar esos valores, de los que Europa debería aprender. “¿Puede un europeo aprender algo de África?”, le pregunta un doctorando en la Universidad Católica de Valencia.   “Un europeo piensa que no tiene nada que aprender de África. Pero un europeo humanista, sí. Puede aprender por ejemplo la inutilidad del consumismo”, es la sabia respuesta de Kankindi.

"Una mujer que vive en el campo en África no necesita que le envíen zapatos para sus hijos. Lo que necesita es que le enseñen que con sus habilidades puede emprender un pequeño negocio, y con él pagará el sustento y el colegio de toda la familia". Esa formación para el emprendimiento  permite desarrollar una economía más sostenible, por que las familias permanecen en su habitat natural, y así cuidan la naturaleza. Y se evitan la tragedia de la emigración hacia las grandes ciudades, cuyos suburbios son bolsas de miseria, llenas de peligros sobre todo para la mujer.  

Con los escasos recursos de que dispone, la profesora Kankindi ha desarrollado con éxito su iniciativa  African Women Leadership, y ahora la desea ampliar para que más mujeres africanas se beneficien. Por eso ha recibido el Premio Harambee 2017 a la Igualdad y Promoción de la Mujer Africana: cien mujeres como ella cambiarían el mundo.





lunes, 27 de febrero de 2017

Encontrar a Dios en la vida ordinaria



Les dejo este simpático programa @encuentrosTVM de TV Mediterráneo  de Valencia, que se  emitió el pasado sábado. Con motivo de la elección del nuevo prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, varios miembros del Opus Dei nos cuentan cómo viven la fe cristiana en su vida ordinaria.




lunes, 9 de enero de 2017

Cómo defender la fe sin levantar la voz

Cómo defender la fe sin levantar la voz
Austen Ivereigh y Yago de la Cierva
Ed. Palabra




En el año 2010 el Papa  Benedicto XVI viajó al Reino Unido, un país en el que la percepción pública de la Iglesia católica ha sido negativa durante siglos. Un pequeño grupo de católicos de a pié –estudiantes y jóvenes profesionales, “con trabajo, hijos e hipotecas que atender”- vieron en la visita del Papa una  oportunidad: podrían ofrecerse a  los medios de comunicación para contar la realidad que ellos vivían en la Iglesia, muy distinta de la percepción negativa reinante en su país. Y se prepararon a conciencia. Así nació Catholic Voices, que desde entonces realiza  una importante labor de comunicación en el Reino Unido. Su presencia es solicitada por los medios en los debates que afectan a la vida de la Iglesia. Su ejemplo ha cundido en otros países.




Este libro recoge parte del trabajo de Catholic Voices. Son “respuestas civilizadas a preguntas desafiantes” que están en la calle.   Respuestas  razonadas, apoyadas en datos y fruto de horas de trabajo serio,  para presentar el mensaje cristiano  ante una  ideología  que pretende que creamos que no tiene relevancia lo que la Iglesia diga. Yago de la Cierva, de la mano de Austen Ivereigh –uno de los promotores de Catholic Voices en Inglaterra, y autor de El gran reformador, una gran biografía del papa Francisco- ha adaptado el contenido del libro a cuestiones que afectan especialmente a España.




Un cristiano corriente ha de ser capaz de dialogar con seguridad y confianza sobre las buenas razones y datos que avalan la postura de la Iglesia cuando habla de población y desarrollo, de la defensa del no nacido o de la cultura del descarte. La ideología dominante no es una amenaza, sino una oportunidad que reclama creatividad, estudio y diálogo, para saber mostrar las buenas razones y datos que apoyan la fe de la Iglesia.





No busques un escondrijo, prepárate” es el lema de Catholic Voices. Prepararse significa documentarse, formarse, estudiar, analizar, escuchar a quienes defienden posturas contrarias, buscar la verdad que hay en toda acusación, y desde el diálogo amable caminar junto a los oponentes, siempre de modo respetuoso hacia las personas, aunque no compartan las ideas. Y esa es precisamente la gran aportación de este libro. Enseña a caminar juntos y amigablemente en busca de la realidad, porque la realidad nos llevará a la verdad. Con hechos reales los prejuicios caen.




¿Tiene derecho la Iglesia a pronunciarse en política? ¿De verdad defiende la  igualdad y libertad? ¿Es partidaria de la promoción de la mujer? ¿Por qué no apoya las políticas sobre población que promueven los países ricos?  ¿Por qué se opone a ciertas leyes en materia matrimonial, familiar o educativa? ¿Por qué rechaza la cultura del descarte? 




Las objeciones de los acusadores son analizadas con objetividad, se busca la parte de verdad que contienen para reconocerla,  se pone en evidencia lo que no es cierto, se explican las razones y datos que faltan en la acusación, y desde ahí se buscan nuevos enfoques y puentes de entendimiento hacia la realidad, buscando tratar cada cuestión con la objetividad necesaria. Al final de cada capítulo se aporta un resumen de ideas, datos y nuevos enfoques que es necesario resaltar para facilitar el entendimiento, evitar tergiversaciones y desinflar mitos.


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Sobre la mujer en la Iglesia, muestra la evidencia de que la dinámica que está detrás de la emancipación de la mujer viene del cristianismo. Hay más mujeres con funciones de liderazgo dentro de la Iglesia que en otras instituciones comparables. Por ejemplo, la escasa proporción de mujeres en el Vaticano (aunque es una proporción que supera la de las multinacionales, por ejemplo) es similar a la de varones laicos. El problema  es el exceso de clérigos en cargos que podrían desempeñar laicos (mujeres o varones).  Interesante la fuerza con que surge un nuevo feminismo, que busca emancipar a la mujer salvaguardando su identidad diferenciada.





Respecto al matrimonio, resalta que la Iglesia no rechaza a los homosexuales. Defiende que el Estado debería promover el matrimonio conyugal por el bien de la sociedad y especialmente de los niños. Es reseñable que algunas “leyes de matrimonio homosexual” convierten  en susceptible de ser acusado de discriminación a quien no esté de acuerdo con esa ideología, que se presenta como una nueva religión a la que todos deban someterse, algo impropio de una  democracia.




En educación, hay una idea básica: los colegios son prolongación de la familia, no del Estado. La educación es formación de hábitos y virtudes, y por eso la dimensión religiosa no puede excluirse. Frente a afirmaciones en contra, los datos evidencian que  las escuelas católicas son las más diversas social y étnicamente, y no sólo forman el caracter sino también superan la media en las demás áreas, hasta deportivas. El secreto de esa eficacia social es su identidad, y para asegurarla necesitan autonomía para elegir a sus directivos, docentes y alumnos. Esa autonomía es parte de la libertad religiosa reconocida por la Constitución. El Estado debe garantizar el derecho de los alumnos (o de sus padres si son menores) a la enseñanza de religión en la escuela púbica.



En política, la Iglesia católica tiene el derecho natural de pronunciarse. Nadie como la Iglesia defiende la distinción entre política y fe, y el diálogo entre ambas para que no se aíslen y contribuyan a la mejora de la persona en su totalidad. En el cimiento de la libertad social y de nuestra civilización está la doctrina social de la Iglesia, que es su única agenda política.




Sobre población, SIDA, ecología y desarrollo, multitud de datos avalan que nadie como la Iglesia está tan cerca de los pobres y puede hablar con tanta autoridad en su nombre. Los mejores expertos en SIDA han confirmado que el comportamiento sexual responsables que promueve la Iglesia es el más idóneo para la prevención. Los países pobres no necesitan frenar la natalidad, que es a lo que preferentemente destinan sus ayudas los países ricos. Su verdadera necesidad  es que se promueva un comercio internacional justo. Las familias numerosas no son la causa de la pobreza: la causa es que se anteponga el dinero y el beneficio a las personas.





Sobre los abusos sexuales, la Iglesia ha reconocido que sólo un caso sería ya una situación abominable, y ha pedido perdón. Pero hay que contar toda la verdad: la mayor parte de las acusaciones proceden de hechos sucedidos hace 30 o 40 años. Las escuelas católica no actuaron entonces ante denuncias, pero tampoco lo hacían otras instituciones similares, en las que proporcionalmente abundaron más los abusos. Ha habido un despertar moral en la sociedad ante el abuso sexual a menores, y un cambio radical en los protocolos de actuación que sitúa a la Iglesia católica en la vanguardia de la prevención, frente a otros grupos o instituciones. Se constata cómo el sacerdocio católico no es refugio para quienes cometen abusos, ni hay vínculo causal con el celibato. Y todo evidencia que hoy la Iglesia es un ambiente seguro para la juventud.




La igualdad es un principio cristiano: la Iglesia defiende que todas las personas tienen el mismo valor y dignidad, porque todos somos hijos de Dios. La Iglesia acoge a todos, rechaza cualquier discriminación. Pero está en contra de la forma en que tratan de aplicarse ciertas leyes de igualdad, porque afectan negativamente a otros derechos y libertades. Reclama la libertad de asociarse y de manifestar públicamente las propias convicciones, que deben estar protegidas por la ley. La ideología de género es una ideología, no está basada en la ciencia, y privilegia a colectivos LGTB por delante de otros colectivos que también están en riesgo de exclusión. Ciertas leyes de género vulneran derechos fundamentales como el de libertad de expresión, la libertad de los padres de elegir la educación de sus hijos, la libertad de creación de centros educativos, o la patria potestad de los padres.




Sobre la sexualidad, la Iglesia siempre ha visto en el sexo una bendición de Dios, una llamada al  amor en un contexto de compromiso y estabilidad, y su fin es estar abierto a la vida. Es una forma de entrega que protege el amor verdadero. La Iglesia no llama a nadie desordenado, sino a los actos que no expresan el amor conyugal abierto a la vida. Hay muchas formas de dar y recibir amor que no son sexuales o conyugales, como el amor de amistad.




Interesante también todo el capítulo destinado a la cultura del descarte. Hay un despertar moral ante la belleza de la vida del no nacido, y la Iglesia habla en nombre de los que no tienen voz. Nadie como la Iglesia ofrece soluciones a mujeres asustadas ante el embarazo. El valor de la vida humana no está determinado por el tamaño, ni por la fortaleza física o síquica.




El suicidio asistido convierte en más vulnerables a los vulnerables y a los discapacitados. Debilita el progreso médico en el tratamiento  de enfermos crónicos y terminales, y frena el  avance en cuidados paliativos, como se ha comprobado en países donde se ha aprobado. Lo que la Iglesia defiende es la necesidad de ayudar a darse cuenta de su valor a quien se considera una carga, y a que viva dignamente el tiempo que le quede.



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Lo arriba expuesto es un brevísimo apunte del contenido del libro. Junto a la claridad de la exposición y el esfuerzo de precisión terminológica –pues la manipulación de términos ha sido tantas veces fuente de sofismas y argumentos falaces contra la Iglesia- es especialmente de agradecer el tono positivo, que busca sinceramente la comprensión y el entendimiento con el oponente, sin caer en frentismos ni victimismos.