martes, 14 de marzo de 2017

Cálido viento del norte




José Miguel Cejas nos acerca en este libro a un conmovedor conjunto de historias, cuyos protagonistas viven en los países nórdicos: Suecia, Finlandia, Noruega, Islandia, Groenlandia. Tienen en común su condición de testigos de la acción de Dios en sus vidas, ese Dios cuyos caminos son imprevisibles, pero que no deja de arreglárselas para actuar en la historia a través de personas que le escuchan. Comparten el despertar de un creciente interés por Jesucristo y por el cristianismo, en un ambiente que parecía definitivamente cerrado a la presencia de Dios.
                                                          
Son personas y familias  normales, a las que suceden cosas normales. Y de vez en cuando, como a casi todas las personas y familias normales, también les suceden cosas extraordinarias, de cuyo carácter sobrenatural son plenamente conscientes. Hechos extraordinarios que no aparecerán en ningún noticiario, pero que han marcado sus vidas para siempre, señalando un camino hacia Dios para su existencia.

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Finlandia, por ejemplo, es un país muy secularizado. Como relata uno de los personajes, la segunda guerra mundial hizo caer a muchos en el alcoholismo. Sufrieron la influencia del materialismo socialista ruso, y después del materialismo sueco. Luego vino la revolución sexual del 67. Todo eso destruyó la familia. La mayoría de los hijos nacían fuera del matrimonio, desapareció la fidelidad conyugal y se corroyeron tradiciones cristianas de siglos. La inmensa mayoría de padres mantienen una relación muy fría y distante con sus hijos.



Los finlandeses que en los años 70 y 80 viajaban a países como Italia, Austria o España se sorprendían de ver iglesias abiertas y muchas imágenes de la Virgen. Y al regresar a su país les impactaba el vacío.  Ese vacío interior y esa insatisfacción que genera el materialismo les helaba el corazón. Un hielo para el que no está hecho nuestro corazón, que necesita amar. Y surge la sed de un amor que llene la existencia: la sed Dios.

El Espíritu Santo actúa apoyado sobre la oración perseverante y el ejemplo optimista de cristianos que permanecen fieles, y hablan: porque “siempre hay que dar la palabra acerca de Dios, aunque nos parezca que cae en el vacío”.

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Dios actúa mediante cosas tan sencillas como la alegría de vivir de una familia católica, reunida para comer a la hora del almuerzo.  En esos países de frío individualismo lo normal es que cada cual pilla lo suyo de la nevera, lo deglute y se encierra en su habitación, en sus cosas. No hay convivencia, en cada casa sólo hay una suma de individuos.

Y el nórdico que asiste por primera vez al espectáculo de una familia católica reunida entorno a la mesa, comprende de pronto que hay algo más que el mero comer, que la familia reunida en torno a la mesa es un signo exterior de humanidad, de calor y alegría de vivir. Descubre que el cristianismo transmite amor, cuidado de unos por otros. Y es el comienzo de una conversión al catolicismo.

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Dios se sirve de los escritos de los santos para mover los corazones. El joven Anders Arbolerius, luterano, se siente golpeado en el corazón cuando lee en “Historia de un alma”, de santa Teresa de Lisieux, estas palabras: “Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor.” Y sin saber cómo, sin que antes se le hubiera pasado por la cabeza semejante cosa, siente que debe ser católico y ordenarse sacerdote. Ahora es el obispo católico de Estocolmo, el primero desde la reforma protestante.

Detrás de cada conversión hay siempre alguien que reza: la madre Tekla Famiglietti, abadesa general de la orden de santa Brígida de Suecia, le veía con frecuencia cuando siendo niño acudía con su madre al convento, y rezaba por él.
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Muchos empiezan a descubrir ahora el valor de la familia, que es  el canal de transmisión de los valores. Se ha confiado demasiado en el sistema educativo que diseñan los gobiernos. Pueden ser técnicamente magníficos, pero los contenidos que transmiten pueden ser muy discutibles. Si ocupa el gobierno gente sin valores, el sistema puede ser venenoso para los jóvenes,  si transmite ideologías antinaturales. Un pedagogo que domine la técnica puede enseñar inmoralidades con perversa eficacia. La mejor educación no insiste en sacar buenas notas, sino en ser buenas personas.

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En el libro se cuentan también los primeros pasos del Opus Dei en Escandinavia, de la mano de Juan Luis Bernaldo y Richard Hayward. Allí llegó la Obra por el interés de san Juan Pablo II, que deseaba impulsar la cristianización del Norte de Europa y animó al beato Álvaro del Portillo a comenzar pronto en esos países. Desde 1983, “de amigo a amigo se van enlazando historias, porque el Opus Dei se difunde en el mundo por medio de la amistad.”

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Todo el relato refleja un hondo sentido ecuménico presente entre los creyentes: católicos, luteranos, protestantes y ortodoxos estrechan lazos anhelando una unión en la verdad de Jesucristo que no puede estar lejana cuando les vemos con la apertura de corazón que reflejan las vivencias recogidas. Como los muebles donados por el pastor luterano para que sus amigos católicos del Opus Dei puedan instalar una residencia de estudiantes…

miércoles, 8 de marzo de 2017

Libertad de expresar lo que se cree

Me comentaba una periodista, que ha vivido muchos años en otro país,  su extrañeza ante la respuesta de muchos españoles, cuando les preguntan por su religión: “Creyente no practicante”. ¿A qué se debe ese oxímoron tan contradictorio?, me preguntó.

Pienso que no se puede generalizar. Pero un factor común a las posibles respuestas sería la debilidad. Debilidad de pensamiento (no tomarse la molestia de pensar libremente, y así  descubrir las profundas verdades antropológicas que contiene la fe cristiana). O debilidad de ánimo para expresar lo que se piensa, por temor al juicio ajeno. Una falta de fortaleza que deja a merced de la corriente dulzona y apática de lo que piensan otros.  

Lo expresa bellamente  el famoso cuadro de Norman Rockwell "La Bendición de la mesa". Las miradas cínicas o despectivas no deberían ser causa de que un cristiano dejara de expresar externamente su fe y su agradecimiento a Dios, fuente de todo bien,  porque por su bondad podemos alimentarnos cada día. La mujer y el niño de la escena rezan,  a pesar de su debilidad son fuertes.

Silvio Pellico (1789-1854), encarcelado en Austria por razones políticas, cuenta en su estupendo libro “Mis prisiones” que en la cárcel descubrió la grandeza de la fe católica. Con otro joven compañero de prisión hablan de la armonía entre cristianismo y razón, de cómo sólo la religión católica era capaz de resistir la crítica, de la excelencia de su moral.

Y se preguntan si al salir de la cárcel serán tan pusilánimes como para no confesar su fe, que ahora ven tan evidente, si se dejarán impresionar por el qué dirán los demás. Pellico responde por los dos: "El colmo de la vileza es ser esclavo de los juicios ajenos cuando se tiene la persuasión de que son falsos. No creo tal vileza en ti ni en mí, ni que la tengamos nunca."


Harambee: Salvad los valores africanos

No es fácil encontrarse con una profesora de filosofía política que hable con la precisión de conceptos y libertad de mente con que lo hace Antoinette KankindiNacida en Congo, lleva 15 años dando clases de Ética y Filosofía Política en la Strathmore University of Nairobi, en Kenya, y formando a mujeres para que lideren la promoción de la mujer en el ámbito rural y en los suburbios de las grandes ciudades. 

La profesora Kankindi sabe salirse del manido y vacío discurso que impera en las democracias liberales occidentales, y pone el dedo en la llaga de los verdaderos problemas de África. Problemas en buena parte generados y mantenidos por esas mismas democracias,  que hicieron estragos durante el colonialismo y ahora los siguen perpetrando quizá a mayor escala, imponiendo ideologías que se oponen frontalmente a valores sagrados de África.

Familia, solidaridad y hospitalidad –señala Kankindi- son tres  de los pilares del alma africana. A la familia en que nacemos se lo debemos todo: vida, cuidados, educación.  Sin  familia no somos nadie, nos despersonalizamos, nos convertimos en un número para la fría estadística  de los políticos. El modelo que ofrece Occidente está destrozando la familia en África (y en Occidente, claro).

El alma africana es solidaria. Cada pueblo es una familia de familias, y cada cual sabe que en la desgracia los demás le ayudarán sin necesidad de pedirlo. Esa solidaridad es el mejor seguro. Occidente exporta un modelo competitivo e insolidario, en el que cada cual pugna por lo suyo contra los demás.

África es hospitalaria. Las puertas de sus casas siempre han estado abiertas al forastero. A los huéspedes se les ofrece  lo mejor. Occidente exporta un individualismo desconfiado, que cierra puertas. En Occidente ya no vemos otra cosa en el visitante que negocio: turismo.

Antoinette Kankindi lucha por preservar y potenciar esos valores, de los que Europa debería aprender. “¿Puede un europeo aprender algo de África?”, le pregunta un doctorando en la Universidad Católica de Valencia.   “Un europeo piensa que no tiene nada que aprender de África. Pero un europeo humanista, sí. Puede aprender por ejemplo la inutilidad del consumismo”, es la sabia respuesta de Kankindi.

"Una mujer que vive en el campo en África no necesita que le envíen zapatos para sus hijos. Lo que necesita es que le enseñen que con sus habilidades puede emprender un pequeño negocio, y con él pagará el sustento y el colegio de toda la familia". Esa formación para el emprendimiento  permite desarrollar una economía más sostenible, por que las familias permanecen en su habitat natural, y así cuidan la naturaleza. Y se evitan la tragedia de la emigración hacia las grandes ciudades, cuyos suburbios son bolsas de miseria, llenas de peligros sobre todo para la mujer.  

Con los escasos recursos de que dispone, la profesora Kankindi ha desarrollado con éxito su iniciativa  African Women Leadership, y ahora la desea ampliar para que más mujeres africanas se beneficien. Por eso ha recibido el Premio Harambee 2017 a la Igualdad y Promoción de la Mujer Africana: cien mujeres como ella cambiarían el mundo.