miércoles, 22 de enero de 2014

Notas a una biografía de Alvaro del Portillo

Álvaro del Portillo. Un hombre fiel. Javier Medina. Ed. Rialp



Opus Dei - Mons. Álvaro del Portillo.
Conocer la vida de grandes personas estimula nuestra capacidad de ser mejores. Es lo que sucede tras la lectura de esta magnífica y detallada biografía de Álvaro del Portillo, primer sucesor de san JosemaríaEscrivá al frente del Opus Dei, formado a su vera durante cuarenta años. Nacido en 1914, se celebra este año 2014 su Centenario. Ha sido declarado Venerable por la Iglesia católica y el próximo 27 de septiembre se celebrará su beatificación en Madrid.


Así le describe el actual prelado del Opus Dei, JavierEchevarría: “El primer sucesor de san Josemaría en el gobierno del Opus Dei fue ante todo un cristiano leal, un hijo fidelísimo de la Iglesia y del Fundador, un pastor completamente entregado a todas las almas y de modo particular a su pusillux grex (…) con olvido absoluto de sí, con su entrega gustosa y alegre, con caridad pastoral siempre encendida y vigilante”.


Educado en el seno de una familia cristiana, vemos crecer en él desde muy joven rasgos y virtudes aprendidos de sus padres, como esa armónica simbiosis de reciedumbre, audacia y delicadeza que adornaban a su madre, mexicana. 


Amable y de corazón, sufre ante las injusticias pero no se queda en lamentos paralizantes, sino que reacciona con misericordia operativa. Desde joven le vemos resuelto a aportar soluciones a su alcance con sentido práctico: en sus ratos libres acude a barrios de la periferia de Madrid con algunos amigos para ayudar en la formación de niños de familias que no tienen nada. Allí sufre por primera vez la persecución del odio anticristiano. Y así conoce a san Josemaría. 


Esa operatividad práctica, reforzada más tarde por la mentalidad de su oficio de ingeniero, se reflejará en sus responsabilidades de gobierno  en el Opus Dei, en el impulso de innumerables iniciativas apostólicas de carácter social en todo el mundo.


Conoce desde joven la pobreza y la necesidad de trabajar intensamente para ganarse el sustento. Decide aplazar los estudios de ingeniería para  terminar los de Ayudante de Obras Públicas, más cortos, que le permitirán empezar a ganar dinero antes y así ayudar a su familia, que ha sufrido importantes reveses económicos.


Vemos en él la virtud de la valentía, viviendo con sencillez y naturalidad verdaderas epopeyas durante los duros años de la guerra civil, poniendo en juego su vida. Más tarde le veremos también totalmente entregado a su tarea pastoral, manteniendo un ritmo propio de una persona joven a pesar de su precaria salud.


Durante los años del Concilio puso su inteligencia y gran capacidad de trabajo y conciliación al servicio de la Iglesia. Su papel fue destacado en la elaboración de importantes documentos conciliares, como los referentes a la vida de  los sacerdotes y el papel de los laicos. 


El libro abunda en detalles de su relación con personalidades de la vida de la Iglesia, incluídos los papas desde Pio XII,  y se entiende que monseñor Javier Echevarría se refiriera a él, al fallecer, como un gigante en el firmamento de la Iglesia del siglo XX. Fue gran amigo y colaborador estrecho de Juan Pablo II


Se recogen numerosos testimonios de personas que le trataron más de cerca, muchas de ellas cardenales y obispos, y al hilo de sus recuerdos describen su personalidad. 


Surge un despliegue de cualidades humanas que impresiona, e invita al lector a un examen personal de contraste. He aquí algunas de ellas:

-Determinación, escaso interés de protagonismo, gran bondad. Alegre, generoso, simpático. Fortaleza y dulzura. Candor y gran humanidad. 

-Reflexivo, pero no indeciso: si decía “me lo pensaré”, no era excusa para no hacer nada: lo pensaba y luego actuaba, con paz y serenidad. 

-Temple resuelto y afable, preocupación por los demás, piedad sin ostentaciones. Siempre sonreía al hablar, mostrando gran afabilidad, cordialidad y amabilidad. 

-Inspiraba gran confianza a quien le trataba. Su mirada era comprensiva y serena. Abordaba todo con sencillez y buena fe, con ausencia de malicia de ningún tipo. Tenía la inocencia del que actúa siempre con rectitud, cara a Dios; de quien no conoce las sombras de la complicación, de las envidias y rencores, de las segundas intenciones, de los recovecos interiores que provoca en el alma la soberbia. 

-Inteligente pero sencillo. Inocente y candoroso, pero sin ingenuidades. Serio y responsable, pero cordial y amable. Profundamente bueno. Nunca daban su opinión si no se la pedían. Te hacía favores sin darte cuenta. 

-Nunca hablaba mal de nadie. Afable con todos, procurando tratar a muchos amigos. Mas bien callado, solía intervenir cuando había que decir una palabra templada. Procuraba no llamar la atención innecesariamente… 


Son expresiones que perfilan bien una admirable personalidad, forjada durante una vida de entrega. 


En don Álvaro esas cualidades humanas (que podrían resumirse en estas cinco: inteligencia sobresaliente, fuerza de voluntad admirable, gran capacidad de trabajo, carácter firme y afable, capacidad para hacer amigos fuera de lo común) estaban vivificadas por unas virtudes teologales fuertemente enraizadas: fe, llevada hasta sus últimas consecuencias, que está en la base de la nota más característica de su vida: la fidelidad a Dios, a la Iglesia y al Papa, al Opus Dei y a su fundador;   esperanza, que le movía a confiar siempre en el auxilio divino; caridad con Dios y con el prójimo sin límites.

Con la beatificación, la Iglesia propone a todos los católicos la imitación de sus virtudes y el recurso a su intercesión ante Dios para pedirle todo tipo de favores. La devoción a don Álvaro está muy extendida en los cinco continentes. 

Aquí puede verse el documental Saxum, de 30 minutos, sobre la vida de don Álvaro:













Nota: Entre 1939 y 1992 Álvaro del Portillo estuvo en Valencia al menos en 12 ocasiones, la mayor parte de ellos acompañando a san Josemaría: 


-7 al 13 de junio de 1939, viaja desde Olot para asistir a un curso de retiro que predica san Josemaría;
-5-20 septiembre de 1939, con san Josemaría
-4-6 enero 1940
-6-8 abril 1940
-18-20 julio 1940
-4-12 diciembre de 1940 (viaje de estudios con compañeros de la Escuela de Ingenieros)
-26-28 de marzo 1943
-20 abril 1943 (exámenes de licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Literaria)
-Noviembre de 1972, catequesis con san Josemaría
-2-8 enero 1975 La Lloma (Rafelbunyol)
-Mayo 1978 La Lloma (Rafelbunyol)
-Enero 1992, para asistir al funeral de don Miguel Roca, arzobispo de Valencia









domingo, 19 de enero de 2014

Señor del mundo. Robert Hugh Benson

Señor del mundo
Robert Hugh Benson. Biblioteca Homo Legens.




Recientemente el papa Francisco, en una de sus homilías en Santa Marta, sorprendió recomendando la lectura de esta novela. Su autor, Robert H. Benson, fue el menor de los hijos del arzobispo anglicano de Canterbury. Su conversión a la Iglesia católica en 1903, y su posterior ordenación sacerdotal, conmocionaron a la opinión pública inglesa. Falleció en 1914, a los 43 años, dejando atrás una notable producción literaria. Son famosas sus novelas históricas, evocadoras de la vida inglesa y su espiritualidad antes de la ruptura con Roma en el siglos XVI.



Señor del mundo (Lord of the world) es una ficción futurista que nos sitúa en el mundo al final de los tiempos. Un misterioso personaje, de personalidad inquietante y avasalladora, recorre el mundo deslumbrando a los líderes por su dominio de lenguas y su capacidad persuasiva. Se manifiesta partidario de  la paz y el progreso, y moviliza acuerdos entres las naciones para evitar la guerra. Su liderazgo es tal que las naciones más poderosas le ofrecen el mando y le rinden pleitesía con temor cercano al terror. Pero tras el mando vienen las imposiciones…



En el prólogo, Joseph Pierce afirma que esta novela es igual en calidad literaria a Un mundo feliz o a 1984, pero las supera en valor profético, porque narra, a la distancia de cien años, sucesos como los que hoy estamos viviendo. Benson anticipa los efectos de una humanidad que no acepta la presencia de Dios y logra imponerse a la religión. Primero la relega al ámbito privado como alarde de tolerancia, y sin solución de continuidad le declara la guerra buscando su exterminio, irónicamente en nombre de la paz y la convivencia.



Sorprende, junto a la calidad literaria, la agudeza de Benson para rebatir algunas  afirmaciones poco reflexivas contra la religión. Al apóstata que dice que la religión es absurda le pide rigor intelectual: la religión puede ser verdadera o falsa, pero no absurda; afirmar que es absurda sería descartar a personas virtuosas que creen en ella, y eso es soberbia, presunción y falta de inteligencia.





Es significativo el diálogo sobre la amistad y el corazón con el sacerdote que pierde la fe: sólo con sentimientos o elemental cortesía no se es amigo. Y el corazón hay que cuidarlo, guardarlo bien, porque es un don tan divino como la inteligencia.  Descuidarlo mientras se busca a Dios es buscarse la ruina.



Deslumbra también su finura interior, en algunos pasajes en los que muestra la vida espiritual del protagonista. Así, cuando describe el acto de presencia de Dios con el que comienza cada día su oración personal, buscando la abstracción de los sentidos, de los problemas inquietantes que le rodean, para centrar toda su atención, su corazón y su mente en Dios,  y abandonarse y dejarse enseñorear por Él.



De la importancia de la vida y obra de Benson da fe otro converso y prolífico escritor, Ronald Knox, quien afirmó que “siempre le he visto como un guía que me condujo a la verdad católica”. Impresiona la cadena de grandes intelectuales ingleses conversos, que mutuamente se han influenciado con su vida y sus escritos: JH Newman, Chesterton, Benson, Knox,...


Vale la pena leerles. Se aprende a hacer prevalecer el sentido común, al menos en la propia conciencia, y a no dejarse arrastrar por la corriente,  tan facilona como suicida. Porque cuando la humanidad prescinde de Dios, se vuelve feroz contra sí misma. 


Y además lo ha recomendado el Papa.

Edith Stein, una gran intelectual, patrona de Europa

El verdadero rostro de Edith Stein.
Waltraud Herbstrith 
Ed Encuentro






Breve biografía de Edith Stein, gran intelectual,  discípula de Husserl, conversa al catolicismo, y asesinada por los nazis en el campo de concentración de Auschwitz . Fue canonizada por Juan Pablo II como santa Teresa Benedicta de la Cruz


El libro traza con rigor  el itinerario humano, intelectual  y religioso  de Edith Stein. De familia judía, siente una profunda atracción hacia la religión católica, de la que envidia el trato íntimo y filial con Dios. Experimenta una sacudida interior cuando ve a una sencilla mujer, con la cesta de la compra, recogida en oración hablando confiadamente con su Dios en un templo católico.


La lectura casual de El libro de la Vida de santa Teresa de Jesús le ilumina intelectualmente: “aquí está la verdad”, piensa. Siempre sintió una gran atracción por la santa de Ávila.  El libro describe con precisión los avatares e incomprensiones sufridos en su vida académica y universitaria, y en los años de claustro en el convento de carmelitas, hasta su deportación por los nazis y el asesinato en el campo de exterminio.


Resalta en la narración la firmeza de carácter, el rigor intelectual y la rectitud de conciencia de esta mujer fuerte, que supo mantenerse fiel a Dios hasta dar la vida. "Que no tenga ningún amor que no sea verdadero, que no tenga ninguna verdad sin amor."


Como dijo Juan Pablo II al nombrarla copatrona de Europa: "En ella, todo expresa el tormento de la búsqueda y la fatiga de la «peregrinación» existencial. Aun después de haber alcanzado la verdad en la paz de la vida contemplativa, debió vivir hasta el fondo el misterio de la cruz."


     Ver también esta reseña de su autobiografía "Estrellas amarillas"




sábado, 18 de enero de 2014

Una vida robada a la muerte: lo que se siente al pasar al otro lado

Una vida robada a la muerte 

Aquilino Polaino-Lorente 

Ed. Planeta




El doctor Aquilino Polaino, prestigioso siquiatra, nos relata en este libro su experiencia sicológica y vital tras sufrir un accidente que le llevó al borde de la muerte. Finalmente se recuperó tras varios días en coma y una lenta y penosa convalecencia.  


La traumática experiencia provocó una honda transformación en las relaciones personales del doctor Polaino. De pronto descubre, con inusitada claridad, que lo importante ya no es ser querido, sino querer libre y voluntariamente a los demás, y aprender a percibir el cariño que los demás nos prodigan.



Sin teorías, de manera vital, surge el descubrimiento de que debemos vivir “descentrándonos”, pensando más en los demás que en nosotros. Porque nuestra vida no tiene su centro en nosotros, sino parcialmente fuera, ya que es construida no sólo por nuestra acción, sino por el conjunto de acciones de los que nos rodean respecto a nosotros. Por eso, el verdadero “centramiento” es estar descentrados, fuera de nosotros: pensando en los demás y ayudándoles. 


Un descubrimiento vital acerca de nuestra realidad más profunda como personas. Debería decirnos mucho a todos en esta época de individualismo exacerbado. Es una invitación al cambio de perspectiva, para hacer el mundo más humano. 


Como escribe en el prólogo José Luis Pinillos, el libro es “un documento psicológico de valor excepcional que contribuye a desvelar los secretos mecanismos de una conciencia in statu nascendi. Se trata, por supuesto, de un relato privilegiado donde un hombre que vuelve del reino de las sombras narra el drama de su reincorporación a este mundo. Excepto que el libro es más que eso. Lo importante es que esa reincorporación se produce en un clima de relaciones interpersonales donde se hacen visibles espacios recónditos que el ajetreo de la vida cotidiana impide contemplar. El resultado del proceso es una rinàscita en el más elevado sentido de la palabra”.


Hay una enorme lógica coincidente entre estos testimonios “reales como la vida misma” y la enseñanza cristiana. Hace no muchos años oí predicar a don Álvaro del Portillo, con frase gráfica, que no podíamos “girar en la órbita del yo”, sino en la órbita de Cristo, y por Él  en la de los demás.


Más recientemente nos ha recordado  el Papa Francisco la misma idea,  animándonos a  “poner a Cristo y a los demás en el centro” de nuestras vidas.  


El libro tiene el valor añadido de que el autor, experto siquiatra, habla con precisión científica y técnica de los sucesos que experimentó en primera persona.