viernes, 13 de abril de 2018

Lecciones de comunicación del Papa Francisco









He leído esta interesante reflexión de Rafael Rubio, experto en comunicación política e institucional,  sobre el estilo de comunicación del Papa Francisco. Un estilo en el que prevalece la apertura, y que ha dotado a Francisco de una enorme capacidad de liderazgo a escala global.

Tras fijarse en la reciente conducta comunicativa del Papa, Rubio extrae interesantes conclusiones, que pueden servir a cualquiera que aspire a liderar empresas o instituciones, en cualquier ámbito.  

Subrayo algunas ideas:

-Francisco entiende que la comunicación es un signo de humanidad, y por eso comunica con todos, se dirige a todos.

-Francisco se sitúa más allá de la simplista división entre conservadores y progresistas. Va al meollo de las cuestiones, sabe distinguir entre lo esencial y lo accidental.
-Está convencido de que la fe cristiana tiene mucho que aportar para resolver los problemas de la humanidad. Por eso entiende que, para un cristiano, la comunicación es una exigencia, porque la comunicación es una herramienta de transformación social.

-Marca con iniciativa su propia agenda en la conversación global, no va a remolque de los acontecimientos.

-Sus mensajes combinan profundidad y sencillez gráfica, entran por los ojos. Verle el Jueves Santo lavando los pies a reclusos en la cárcel de jóvenes de Roma lo dice todo.

-Transmite autenticidad: arrastra porque hay coherencia entre lo que dice, lo que hace y lo que vive.

-En una época agitada y difícil para la Iglesia, afronta con entereza dificultades, rechazos y resentimientos, mostrando que parte importante de una buena comunicación es sembrar esperanza.

Todo líder sabe que esa visión esperanzada es vital, especialmente en momentos que requieren reformas.

Pienso que vale la pena leer el artículo de Rafa Rubio con calma.

También Austen Ivereigh trató este tema en su libro El gran reformador. 


martes, 10 de abril de 2018

Converso


Converso. Un conmovedor film de David Arratibel
                 

He disfrutado de esta magnífica película justo después del último post sobre el misterioso poder de la música, capaz de elevarnos a alturas insospechadas. Este documental, realista, vivaz y sincero, lo corrobora.


La música no es la protagonista del film. Pero está ahí. Porque la protagonista es una familia que ama la música, y es capaz de cantar o tocar el órgano como los ángeles, con esos armónicos que nos suben hasta las mismas puertas del
cielo, y parecen dejarnos  a merced del Espíritu Santo. 






Los protagonistas son los propios miembros de la familia de David Arratibel. Uno tras otro, en poco tiempo y cada uno por su cuenta, han descubierto la fe y se han convertido. David, agnóstico y perplejo ante el fenómeno, se propone indagar qué ha pasado, en qué consiste esa conversión.


Y le sale una película fresca, llena de vida, que iba a ser de conversiones y ahora es sobre todo de conversaciones. Porque los miembros de la familia, por primera vez, hablan de la fe entre ellos. Y se nota que tenían ganas de hacerlo, porque se quieren.


Es encantadora la sencillez y vivacidad con que narran su experiencia. La hermana mayor, María, es un prodigio de alegre espontaneidad. Y el cuñado, organista y profesor de música, explica con sencillez y expresividad de artista ese proceso inefable en el que el principal protagonista es Dios, que nos sale al encuentro como quiere y cuando quiere. Y uno no tiene más que aceptarlo. La pena para David es que “al Espíritu Santo no se le puede grabar”.


Es una película de conversaciones pendientes, esas que lastimosamente eludimos, a saber por qué, y que lamentaremos no haber tenido cuando ya sea imposible. El fruto es asombroso, porque el rodaje tiene el efecto de una catarsis familiar, de la que mana un bálsamo que fortalece y une más a todos. Gracias a la comunicación, al diálogo, a la conversación libre de prejuicios y amigable. 





David Arratibel nos plantea lo absurdo de eludir hablar de religión entre los seres queridos. Aunque se sea agnóstico o ateo. ¿Por qué da cierto sarpullido sacar el tema? ¿Es una invasión de la intimidad?  Pero, ¿cómo no hablar de Dios si resulta que existe? Y si existe, ¿no es una barbaridad no tenerlo en cuenta? Ese modo de preservar la intimidad ¿no será otra forma de caer en la tiranía del silencio sobre Dios, que es silencio sobre lo esencial? ¿Por qué eres tan miserable de no haber querido hablar de esto con tu familia?


Muy reveladoras las confidencias de la madre. Describe su equivocado itinerario, tras el Vaticano II: pensó con buena intención, como otros muchos, que para ser “cristiana comprometida” había que afiliarse a algún partido o sindicato, y “agitar”. Y terminó “comprometida”, pero dejó de ser cristiana.


Significativas también las presiones que recibió David, desde algunos rincones del mundo del cine, para no hacer la película. “Si la haces, que sirva para ridiculizarlos o meterlos en la cárcel”. “¿Cómo voy a hacerles eso, si son mi familia?”


Hay persecuciones, ha recordado el Papa Francisco: también en forma de “burlas que intentan desfigurar la fe y hacernos pasar por ridículos.”


Gracias a Dios, Arratibel tiene buena pasta y no ha caído en ese juego sucio. Y nos ha dejado una película que es una delicia de veracidad, respeto y buen hacer.





sábado, 31 de marzo de 2018

El sentido de la música


La Pasión según san Mateo, de Juan Sebastián Bach



Esta pieza es una obra maestra de la música de todos los tiempos. Muchos tenemos la costumbre de oírla cada año, en este tiempo de Semana Santa, en el que todo invita a un silencio contemplativo ante ese gran misterio de un Dios que nos ama tanto que ha querido manifestarnos su amor padeciendo hasta la muerte, y muerte de Cruz, para rescatarnos de la perdición en que vivíamos.




Si la música es el arte de ordenar sonidos y silencios para dotarlos de sentidoLa Pasión según san Mateo logra llenar de sentido la narración del Evangelio. 


La música, con su melodía y sus silencios, capta nuestra atención y nuestra mente, alcanza nuestro interior,  mueve nuestro estado de ánimo, y despierta en nosotros los mejores sentimientos al hilo del relato de la Pasión. 


Las arias me parecen sublimes. Permiten situar el corazón ante esa actitud de adoración y contemplación,  que despierta el deseo de devolver amor y consuelo a Quien tanto ha querido padecer por nosotros. 



Conmueve esa aria del perfume extendido por la casa, con la que comienza el relato del Evangelio, que invita a derramar lágrimas que se extiendan como perfume agradable de desagravio hacia el Amado Salvador.

El Amado Dios cae... para levantarnos a todos de nuestras caídas. Sufre, para enseñarnos la paciencia, para que cuando sin culpa suframos ultraje y burla sepamos que Él vengará la inocencia de nuestro corazón. "Por amor va a sufrir mi Salvador, aunque de pecado nada sabe..."



Y sobre todo, en un clima de esperanza, porque "Tu gracia y tu bondad son más grandes que mi pecado". Y de dulce aunque amargo consuelo, porque la Pasión redentora no acaba en la Muerte ni en el Sepulcro, sino en la Resurrección. "Amado inocente, poderoso, ante el que tiembla y teme el poder del mundo..."




"Reposa ya tranquilo, Jesús mío". Toda nuestra Redención se ha consumado.


Sugiero seguir la letra, bien con los subtítulos en la pantalla, o mejor aún, con la versión original en alemán y su traducción al español.