viernes, 13 de noviembre de 2020

El dilema de las redes

 

El dilema de las redes sociales. Documental. Netflix




 

Interesante documental de Netflix, que nos invita a repensar el uso de la tecnología, de la mano de algunos expertos de Silicon Valley, hondamente preocupados por la deriva del negocio digital, convertido hoy en una carrera por captar nuestra atención aun a costa de nuestra salud psíquica y social.

 

El uso de las redes y diversas plataformas digitales ¿nos está haciendo mejores personas, o por el contrario es fuente de distorsiones en nuestra conducta? Es evidente su negativa incidencia en la capacidad de concentración, dañada por la dispersión que provocan múltiples reclamos digitales. Pero también daña otros factores importantes para el ser humano: la calidad de las relaciones, el hábito de conversar, la disposición al diálogo con quienes piensan diferente, la amable y distendida convivencia social…

 

Se agradece que quienes han intervenido en el desarrollo de la tecnología digital se detengan a pensar en su impacto antropológico. Concluyen que al diseño de productos digitales le ha faltado la dimensión ética. Están pensados sólo para ganar dinero, y no para mejorar a las personas y a la sociedad.

 

El negocio digital, que comenzó diseñando programas para empresas, ahora se ha orientado a enganchar usuarios a la pantalla. Las redes compiten por nuestra atención, y ese tiempo de atención a la pantalla es el producto que venden a sus anunciantes. Y con nuestra atención, venden también imperceptibles cambios en la conducta y en nuestra percepción de la realidad.




 

El trabajo de los ingenieros digitales va dirigido directamente a enganchar con sus productos, a retenernos, empleando a fondo métodos psicológicos, sin importarles que provoquen adicción ni que esa adicción se traduzca en un empobrecimiento de las relaciones familiares y sociales. Hoy en cualquier familia con hijos pequeños la sencilla y amable conversación familiar es una práctica cada vez más difícil y traumática. Sucede también entre los mayores, usuarios compulsivos del móvil. 


Pero no sólo es adicción lo que provocan. También buscan cambiar directamente nuestra percepción de la realidad, y esto lo saben especialmente los grupos ideológicos y políticos, que compran el cambio que pueden provocar a través de las redes en lo que pensamos, lo que hacemos, la percepción de lo que somos. Las redes venden a los ideólogos su capacidad de provocar cambios de manera gradual. Ganan fortunas con su poder de transformar nuestra conducta según el gusto de sus anunciantes, no siempre visibles.


Las tecnologías basadas en la persuasión no son meras herramientas pacíficas.  Explotan nuestras vulnerabilidades sicológicas. Como señala uno de los expertos del documental, "sólo hay dos industrias que llamen “usuarios” a sus consumidores: la droga y el software."


Las redes, apoyadas en una inusitada capacidad de almacenamiento de datos, conocen nuestros gustos, el tiempo que pasamos mirando cada imagen, con quién hablamos, de qué nos gusta hablar... Ese cúmulo de datos, manejado por algoritmos, se convierte en una poderosa fuente de predicción de la conducta. Con esos modelos predictivos comercian las redes. Cada me gusta, cada retuiteo, cada perfil que vemos… les da pie para predecir lo que vamos a mirar la próxima vez, lo que nos puede interesar, adónde nos gustaría hacer viajar. Venden esa predicción a quienes ofrecen productos o servicios, o a grupos políticos o ideológicos, cuyos mensajes aparecen como por arte de magia en nuestras pantallas. Nos vigilan, y así ha nacido el nuevo “capitalismo de vigilancia.”


En este proceso, a la vez que nos retienen, nos van encerrando en un círculo vicioso de retroalimentación de la conducta, que acaba siendo atosigante. Quizá no se lo proponen, pero de hecho nos polarizan, porque les interesa: el sistema nos aísla de quienes tienen otros gustos, otras ideas, que recibirán otros mensajes publicitarios distintos.  Y así, lo que nació para facilitar el diálogo social, en realidad nos separa de los demás, nos polariza en nuestras posiciones, nos hace menos comunicativos y acaba crispando las relaciones.


Las redes aparentan un equilibrio de posiciones: puedes optar por quien quieras. Pero en realidad alteran el campo de juego: hacen que sea más difícil un tipo de conducta que otro. En cuanto detectan que hemos visto algo sobre tal teoría, alimentan nuestra cuenta con más partidarios de esa teoría, con videos y noticias defendiéndola. Así retienen nuestra atención, y pueden venderla. Pero a la vez están encerrándonos en esa posición, hay que proponérselo seriamente para ver otras opciones. No les importa que se trate de una teoría buena o falsa, agresiva o insana, sino retenernos ahí para publicitar a sus anunciantes, que pueden ser editores de libros, de videos, o grupos ideológicos.


También nos pueden hacer creer que una determinada opción la sigue poca gente, que la mayoría sigue esta otra. Así nos arrastran hacia una posición que interesa a los ingenieros de la persuasión. Esa misma manipulación puede ser alimentada por un país para desestabilizar a otro, difundiendo mensajes que radicalizan a los bandos de diversos partidos, aumentando así los enfrentamientos: comienzan en las redes, pero acaban en los parlamentos y en las calles. Esto ha pasado en todos los países recientemente desestabilizados: las redes sociales han sido un factor determinante.


Los expertos ven una clara relación entre el uso compulsivo de la tecnología y la depresión y el suicidio juvenil. Y es que se acaba confundiendo un like con el verdadero valor: “eso nos deja más vacíos, más frágiles, más ansiosos, más deprimidos… Los likes actúan como el chupete digital sin el que los adultos no pueden vivir ni dormir.”


Facebook quizá es la red que sale peor parada por el daño que provoca. Nos rodea de gente que piensa como nosotros, nos envía las noticias que piensa que nos gustarán… y nos encierra en un submundo muy diferente del mundo real. Y a los que piensan diferente les encierra en otro submundo, también distinto del real. 


En el mundo real convivimos y dialogamos con todo tipo de personas, y así es como se construye la convivencia pacífica: conviviendo con el diferente. Facebook polariza y radicaliza, si uno no toma precauciones. La “amistad” en Facebook suele tener poco de verdadera amistad. El control ansioso del número de seguidores, al que tantos han vinculado su autoestima, es claramente perjudicial. También twitter tiene algo de esos problemas. Además, en twitter las noticias falsas se difunden mucho más rápido que las verdaderas: algo falla.

 

Es interesante la reflexión sobre el alcance del poder de la tecnología sobre la persona. No ha superado nuestra inteligencia, pero sí sobrepasa fácilmente nuestras debilidades, tiene un gran poder para exacerbar nuestra vanidad, nuestra tendencia al dominio y a la radicalización…

 

Por eso las redes suponen un verdadero jaque a nuestra humanidad, porque tienen capacidad de emerger lo peor de nosotros. Necesitamos productos diseñados para facilitar nuestra capacidad de hacer el bien, de acceder a la verdad, de relaciones sociales más humanas en la vida real.  Y eso requiere tener presente la dimensión ética de la persona.

 

Si no queremos perder ese valor intrínsecamente humano que es la sociabilidad necesitamos usar mejor las tecnologías, y exigir a quienes las diseñan que la ética impere por encima de la rentabilidad. Eso es lo que se plantean los personajes de este sugerente documental. Junto al “¿qué hemos hecho mal?”, es preciso desarrollar más el “¿qué debemos hacer?” para convertir las redes en instrumentos de humanización social.

 

Una cuestión básica es reconocer que la inteligencia artificial no puede solucionar el problema de las noticias falsas, de la mentira: ese es un problema previo, humano: la verdad, y con ella la libertad de la persona, es incompatible con la mentira. 


No podemos dejar la verdad a merced de los algoritmos que unos pocos ingenieros introducen cada día en sus poderosos ordenadores en un rincón de América, para que miles de millones de personas vean en todo el mundo simultáneamente las noticias que ellos han decidido que veamos, y no otras quizá más importantes, o más dignas de confianza. Eso requiere un sano distanciamiento de las redes y ejercer una presión masiva para que la verdad y el bien sean respetados. 

 

            

jueves, 12 de noviembre de 2020

La golosina visual

 

La golosina visual. Ignacio Ramonet. Ed. Temas de debate       

              


Colección de ensayos entorno a la influencia social del cine, la publicidad y la televisión, con recuerdos históricos del efecto que tuvieron sobre las masas algunas películas y programas para la pequeña pantalla.

 

A pesar del espectacular desarrollo de los medios desde la época a la que se refiere (segunda mitad del siglo XX), en la que la tecnología apenas iniciaba su camino, son interesantes las referencias a las diversas formas de manipulación que por desgracia siempre han tentado a productores y guionistas.

 

Falsificación de noticias en los telediarios o en programas de “información” especial, contenidos y evolución de formatos de los spots televisivos, el cine militante, el tratamiento de la guerra de Vietnam, el sinuoso e influyente mundo de Hollywood, no siempre abierto a la libertad y al pluralismo…

 

Ramonet aporta datos que permiten entender mejor la historia de la comunicación, y ayudan a desarrollar un sano y necesario sentido crítico ante lo que nos intentan vender los medios y las pantallas, presentando como noticia lo que en realidad es una falsedad, o como valor incontestable lo que no es sino imposición ideológica que sutil o burdamente intenta manipular nuestros sentimientos

 

El exponencial desarrollo de la tecnología y las técnicas de persuasión digital, inconcebible a finales del siglo XX, hacen todavía más necesario conocer la historia de la manipulación informativa y cultural. 


Aunque el libro es muy anterior, es significativo  el reciente documental de Netflix El dilema de las redes, que aflora la preocupación de numerosos creadores de plataformas digitales, ante su creciente poder de manipulación y adicción. Son verdaderas atrapa-mentes.

 

En nuestros días, un ciudadano que aspire a no ser engañado por el poder político o mediático necesita ser en cierta medida experto en comunicación, para ejercer ese sano contrapoder que consiste en la capacidad de detectar las manipulaciones.





Una pequeña muestra de algunos datos que aporta Ramonet en su libro:

 

Es interesante por ejemplo conocer el caso de Michael Born,  tristemente famoso por falsificar reportajes que fueron emitidos durante años por el semanario y la cadena televisiva alemana Stern.

 

Dato que también debería conocer el público es el enorme gasto de publicidad de las películas americanas, que alcanza como promedio hasta un 40% del presupuesto de producción.

 

O la vida antes de los avances tecnológicos: antes de que existiera el video, los spots (anuncios publicitarios de corta duración) se hacían en directo:  unos actores irrumpían en el plató en pleno programa informativo, o en mitad de la escena de una obra de teatro, interrumpiendo en vivo el programa que se estaba emitiendo...

 

El manejo del humor en la publicidad: “el spot tiende a hacer reír, porque la risa es la máxima comunicación.”

 

El spot rinde culto al objeto (alimenticio, o de higiene ...) no tanto por los servicios prácticos que puede prestar, sino por la imagen social que de sí mismos puedan llegar a obtener los consumidores: promete bienestar, confort, felicidad y éxito. No venden jabón, sino belleza; no un automóvil, sino prestigio: venden nivel social. En realidad, el arte publicitario consiste en la invención de comunicaciones persuasivas, que no sean verdaderas ni falsas.

 

La publicidad siempre ha intentado nuevas formas persuasivas en el límite de lo ético: “Lo que orienta nuestro trabajo es fabricar mentes”, confesaba el teórico de la publicidad Ernst Dichter.

 

Las técnicas de persuasión no sólo están presentes en la publicidad. También en el cine: las películas venden formas de vivir; la publicidad, productos concretos. Y lo hacen con un alcance que ya en el siglo XX era inusitado: las series de televisión USA han tenido una difusión más universal que la Biblia o el Corán, afirma, cambiando estilos de vida de sociedades enteras.

 

Interesantes comentarios sobre el cine militante, dirigido a la propaganda ideológica. El activista Daniel Cohn-Bendit declaraba que “no podemos plantear una intervención global en la sociedad sin recurrir al cine.” Aunque no siempre los efectos eran los deseados: el cine de ensayo o militante, muy de moda durante unos años en la izquierda cultural, “puede lograr que ver una de sus películas llegue a ser una práctica cultural represiva y asfixiante”, porque nadie tenía valor para abandonar la sala, por no ser tachado de retrógrado...

Sobre este tema, ver también Derecho a la información.

 

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La Valencia Occitana

Lluís Fornés. La Valéncia Occitana. Ed Ajuntament de Valencia       


 

Ensayo sobre los orígenes de la lengua y cultura valenciana, que el autor sitúa en el Languedoc francés. La lengua de Oc, afirma, avanzó lentamente hacia Valencia con la reconquista, que discurría sobre todo por la Cataluña occidental y Aragón.

 

En su avance los reyes de Aragón contaron con un fuerte apoyo de caballeros franceses con sus huestes, y tras ellos de repobladores francos. Según crónicas árabes, citadas por Pilar García Mouton, sólo en el sitio y toma de Zaragoza en 1118 intervinieron 50.000 francos, convocados por el rey Alfonso I el Batallador. Muchos de ellos fueron asentándose en territorios conquistados, y ellos y sus descendientes bajaban hacia el sur en busca de lugares más ricos y fértiles.

 

 La lengua de Oc estaba fuertemente asentada en la corte del rey Don Jaime, ya que él mismo nació y pasó sus primeros años en Montpellier, y tuvo el occitano como lengua materna. Su madre era María de Montpellier



 

Desde el rey don Jaime de Aragón hubo entre Valencia y Occitania (La Provenza, Tolosa, Limoge,...) unos lazos muy fuertes, en directo, al margen de Cataluña. Por ejemplo, según estudios, los antepasados de Ausias March procedían de Marsella, y como otros muchos compatriotas fueron estableciendo posesiones más al sur a medida que avanzaba la reconquista cristiana. Ausias habría nacido en una ciudad de Aragón, y se crió en las posesiones heredadas por su padre entre Gandía y Beniarjó.

 

Fornés sitúa el origen del catalanismo, que defiende que el valenciano procede del catalán, en una invención interesada de la Renaixença barceloní del siglo XIX, con fines político-económicos, para extender su área de influencia en la península. La teoría catalanista se ha extendido desde entonces en territorios valencianos, apoyada tanto por un empeño constante de la burguesía catalana, que ha sabido instrumentar apoyos políticos y no ha escatimado medios económicos, como por uno de los defectos colectivos de los valencianos: la dejadez o meninfotismo hacia los asuntos propios.

 

El hermanamiento entre los pueblos es más fructífero cuanto más cuidado pone cada uno en conocer y cuidar sus propias raíces. Es de las raíces de donde surge la identidad, y con ella los valores que puede aportar al conjunto. Hacer tabla rasa acaba siendo empobrecedor para todos.

 

 


martes, 10 de noviembre de 2020

 

Dios y audacia. Mi juventud junto a San Josemaría.  

Julián Herranz. Ed Rialp




    Recuerdos llenos de viveza de los 22 años que el autor convivió con san Josemaría, fundador del Opus Dei, trabajando en la sede central de la prelatura en Roma. 


    Nacido en Baena (Córdoba, España) en 1930, solicitó la admisión en el Opus Dei mientras realizaba los estudios de Medicina. Poco después de concluirlos se trasladó a Roma, realizó los estudios teológicos en el Seminario Internacional de la prelatura y se doctoró en Derecho Canónico. 


    Ordenado sacerdote en 1955, en 1960 fue llamado por la Santa Sede para colaborar como experto en el Concilio Vaticano II y en la posterior reforma legislativa. San Juan Pablo II le ordenó obispo en 1991, y fue creado cardenal en 2003.


    En este libro, el cardenal Herranz rememora sus años jóvenes, en los que conoció a san Josemaría, y la enseñanza viva y práctica que aprendió junto a él, especialmente durante sus trabajos de colaboración estrecha en la sede central del Opus Dei en Roma. 


    Entre otras tareas, Herranz recibió el encargo de poner en marcha las Oficinas de Información del Opus Dei en todos los países donde la Obra comenzaba a desarrollar su labor evangelizadora, para que periodistas y profesionales de la comunicación tuvieran acceso ágil y transparente a las actividades de la prelatura. Fue uno de los aspectos en los que san Josemaría manifestó visión de futuro y actuó como pionero. 


    La narración es una secuencia de anécdotas personales, que iluminan de cerca aspectos del modo de ser y la viva personalidad de san Josemaría: su comprensión paternal hacia las deficiencias de sus jóvenes colaboradores, el entrañable clima de confianza que sabía inspirar,  su alegría y buen humor, su prudencia en el gobierno, su amor a la libertad, su perdón y comprensión hacia quienes difundían errores sobre la Iglesia o el Opus Dei,... 


    Define a san Josemaría como un hombre enamorado de Dios, a quien debe "mi encuentro personal con Cristo, y la vocación a seguirlo sin condiciones. Él fue el instrumento de Dios para hacerme feliz."

    

    Al recoger frases escuchadas personalmente, de su predicación o de encuentros cercanos en ambiente familiar, es fácil hacerse cargo del hondo sentido de misión que transmitía san Josemaría de manera amable, viva, constante, impregnada de ese espíritu peculiar que Dios ha querido para el Opus Dei. Abierto a todo tipo de personas, como expresa este comentario de una predicación del fndador que recoge Herranz: 

    "Id a la oveja que se ha ido o a la que se quiere perder. ¡Ve Tú mismo detrás de ellos! Buen Pastor, Jesús, cargados sobre tus hombros... ¡que se reproduzca aquella figura amabilísima de las catacumbas!


    Sabía sacar punta sobrenatural a situaciones normales de la vida, enseñando así a "elevar el punto de mira" a quienes tenía cerca. Una muestra:  cuando Julián Herranz tuvo que llevar unos días un parche en el ojo a consecuencia de la operación de un pequeño quiste, comentó con sentido del humor: 

    "¿Qué tal está mi pirata? Hazle caso al médico y no leas mucho. Mira, hijo mío, qué poca cosa somos: nos tapan un ojo y perdemos el relieve de las cosas. Eso les pasa a las almas que pierden la visión sobrenatural. Tú... no seas nunca un pirata de la vida interior."


    Destaca también el amor a la libertad, el respeto a las opiniones de los demás aunque difieran de la propia, un tema en que el fundador, y quienes colaboraban con él en las oficinas de información, tuvo que emplearse a fondo para hacerlo entender. Era necesario  explicar y defender la libertad de los miembros de la Obra en opciones temporales, aspecto esencial para el Opus Dei y no siempre entendido por mentalidades de partido único.  


    Un aspecto muy unido al amor a la libertad, como un corolario, es la independencia política de las personas del Opus Dei. San Josemaría lo explicaba una y otra vez: 

    "Parece que no comprenden que la Obra, que el Señor en su bondad infinita ha querido poner sobre mis hombros, tiene exclusivamente fines religiosos y espirituales: y en todo lo que no sea eso, en lo temporal, cada socio decide su conducta libérrimamente según los dictados de su conciencia, con completa libertad –insisto- y con responsabilidad personal. No soy cabeza de nada político: soy sacerdote de Cristo, y basta. Por eso hay un pluralismo evidente en el modo de pensar y obrar de todos los hijos míos de los cinco continentes, sin que ninguno tenga que sujetarse ni al más mínimo consejo en sus asuntos profesionales, sociales, políticos, económicos, etc."


    En otro momento recoge Herranz: 

    "Para los problemas humanos siempre hay muchas soluciones diversas: varias son igualmente válidas; y otras que lo son más o que lo son menos; pero muchas que no son malas. ¿Por qué vamos a obligar a seguir una determinada? ¡No hay dogmas humanos: no os lo creáis!"


    Y también:

    "Convenceos que en las cosas humanas hay muchas maneras, muchas maneras dignas, muchas maneras buenas -unas más buenas, otras menos buenas, según la simpatía o la forma de cabeza de cada uno- pero que dentro de todo esto nosotros tenemos que defender, como una manifestación de nuestro espíritu, la libertad personal y una cosa democrática. 

¿Hablo de política? No. Hablo de cosas doctrinales. Luego aquí no hay tiranía y yo no tolero tiranos. Querría que cogierais muy bien este criterio: en ninguna cosa terrena hay un camino solo, porque esto sería dogmático. En las cosas terrenas no hay dogmas. Se dice en mi tierra que por todos los caminos se va a Roma... ¡Libertad en las cosas temporales! ¡No hay un sólo camino! 

Y después os tengo que decir que conozco bastante gente que piensa que la realidad de un país de un momento exige sólo una determinada solución temporal, y sin embargo yo conozco entre ellos gente maravillosa. Ahora, yo no estoy de acuerdo con ellos, a no ser que esto sea por muy poco tiempo, como cuando se enyesa una pierna o un brazo. Esto ya es teoría mía, pero es común y es clara.


   

El cardenal Herranz con el papa Francisco


    La lectura resulta agradable y se hace corta, y en algún momento trae a la memoria secuencias de la película de Roland Joffe "There be dragons". 


    La calidad del autor y de su estilo literario convierten el libro en una estimulante fuente de historias inspiradoras para la vida. En este enlace se puede leer una selección de frases del libro.