martes, 28 de agosto de 2012

La Comedia Humana, una obra maestra

La comedia humana. William Saroyan.

Ithaca, California, 1942. Los Macauley (viuda y cuatro hermanos: Marcus, que acaba de salir para la guerra con apenas 18 años; Bess, Homer –protagonista, que con 14 años tiene que trabajar repartiendo telegramas para sostener a la familia- y el simpático Ulyses, de apenas 4 años, que está descubriendo el mundo) son una familia llena de nobleza y valores, cuyo padre trabajó abnegadamente por hacerla feliz dentro de su pobreza.

Lo absurdo de la guerra queda magistralmente reflejado en esta novela que se lee de un tirón, con el alma conmovida.

Es antológica la escena del tren repleto de soldados que parten a la guerra. Marcus habla con orgullo de su padre, ya fallecido, y del resto de su familia a su nuevo amigo Tobey, criado en un orfanato. Marcus dice a Tobey que desde ese momento su familia será la suya.

Y los verdaderos sentimientos de los soldados afloran cuando todos se unen a la canción: Leaning on the Everlasting Arms:

What a fellowship, what a joy divine,
Leaning on the everlasting arms; 
What a blessedness, what a peace in mine, 
Leaning on the everlasting arms. 
Leaning, leaning, safe and secure from all alarms; 
Leaning, leaning, leaning on the everlasting arms.

 La buena gente no muere nunca, dice a Marcus el jefe de la oficina de telégrafos: el cuerpo se va, pero de alguna manera permanecen siempre entre nosotros, como ha permanecido su buen padre. Los encontramos cada día en cualquier sitio donde estemos. Marcus es un buen hombre, y por eso no puede morir.

Acabada la guerra, la familia Macauley acoge con serena entereza, llena de humanidad, a Tobey, el amigo de Marcus.

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