lunes, 26 de agosto de 2019

Flores para la señora Harris


Flores para la señora Harris. Paul Gallico



La señora Harris es una simpática y tenaz señora de la limpieza londinense, viuda, que un buen día, al abrir el armario de una de sus clientas para ordenarlo, siente el flechazo de un deslumbrante vestido de Christian Dior.

“Se vio frente a un tipo nuevo de belleza: una belleza artificial, creada por la mano de un hombre y un artista, pero artera y directamente dirigida al corazón de la mujer (…) Una explosión de satén y tafetán carmesí, adornado con grandes lazos rojos y una enorme flor también roja… Dejó de moverse, como si se hubiera quedado sin habla, porque en toda su vida nunca había visto algo tan emocionante ni tan bonito… En ese instante nació en su interior el deseo de tener un vestido semejante.”

Con fino sentido del humor, el relato nos sumerge en las peripecias de la señora Harris, que con indudable tesón británico y frente a todo pronóstico logra viajar a Paris -al Paris de los años 50, cuando viajar era todavía un lujo- y entrar en el inaccesible mundo de la alta costura, del exuberante pase de colecciones exclusivas en las  dependencias de Cristian Dior. Un mundo reservado a las grandes fortunas se despliega ante ella en el 30 de la Avenue Montaigne.



La trama, bien llevada, da giros insospechados, y lo que parecía una divertida forma de penetrar en ambientes exquisitos acaba mostrándonos el verdadero lugar que corresponde a la moda, por detrás en la escala de valores humanos. Y la sufrida señora Harris hace grandes descubrimientos: el más importante, que a la gente se la debe querer por lo que es y no por lo que aparenta. Y descubre también la frustración a la que conduce todo deseo vanidoso, y el orden que nunca debe falta en nuestras prioridades.

Este relato de humor, cargado de valores humanos, tuvo tal éxito en su momento que Gallico se sintió obligado a escribir otras dos novelas con la señora Harris de protagonista.


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